Este jubileo comenzó con la apertura de la Puerta Santa en la Basílica de San Pedro durante la Solemnidad de la Inmaculada Concepción el 8 de diciembre de 2015. Sin embargo no fue la primera Puerta Santa, que Francisco abrió con motivo del año de la misericordia, en su visita pastoral a la República Centroafricana, el día 29 de noviembre, 9 días antes del comienzo oficial, abrió la Puerta Santa de la Catedral de Nuestra Señora en la capital Bangui. Fue la primera Puerta Santa abierta por un Papa, fuera de Roma.
Posteriormente, el 13 de diciembre, el Papa abrió las Puertas Santas de la Archibasílica de San Juan de Letrán y de la Basílica de San Pablo Extramuros. En todo el mundo se abrieron puertas santas en catedrales y basílicas. Por su parte, el 1 de enero, Solemnidad de Santa María, Madre de Dios, el Papa abrirá la Puerta Santa de la Basílica de Santa María la Mayor.
Concluirá el 20 de noviembre de 2016, Solemnidad de Cristo Rey, con el cierre de la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro. Previamente, el día 13 de noviembre, se cerrarán todas las Puertas Santas excepto la de San Pedro.
Se celebra :
primero una procesión en camino hacia el Padre de la Misericordia, como si fuésemos los hijos menores de la parábola del hijo pródigo, que deseamos volver a casa; en segundo lugar, la apertura de la puerta catedralicia del perdón y de la misericordia para entrar en el templo, que es verdadera casa de misericordia; en un tercer momento, la renovación de la memoria viva de nuestro bautismo, con el que unidos a Jesucristo, Dios se mostró misericordioso para siempre con nosotros; y, finalmente, la celebración de la Eucaristía, memoria, fuente y eficacia de la misericordia de Dios Padre, en Jesucristo, por el Espíritu.
Se a celebrado por:
El 50 aniversario del Concilio Vaticano II. Dicho Concilio tiene mucho que ver con el tema de la misericordia.
El Jubileo de la misericordia celebra la fidelidad de la Iglesia a aquella promesa. Pero, además, existe un motivo subjetivo en el Papa Francisco: desde el inicio de su magisterio, la palabra “misericordia” lo llena todo. El Papa nos ha redescubierto que el centro del mensaje evangélico es la misericordia.
Naturalmente, la misericordia no es “un invento del Papa”. En el Antiguo Testamento ya se habla de misericordia.
El Papa Francisco es consciente de que siempre, en la tradición cristiana, ha existido una lucha entre “el Dios justo y el Dios misericordioso”.
La misericordia es el lado de la esencia divina del amor volcado, hacia nosotros.
El Papa Francisco se sitúa en la gran tradición de los santos de la misericordia, el Papa Francisco, que es tan práctico, contempla la misericordia como un verdadero “programa de vida cotidiano”, que se traduce en las obras de misericordia espirituales y materiales. Las obras de misericordia nos descubren cómo era Jesús, cuál es la novedad y la alegría del Evangelio y, sobre todo, de qué nos van a examinar al final de nuestras vidas.
La misericordia revela quién es nuestro Dios y cómo tiene que ser toda nuestra actividad pastoral:
la misericordia nos “aguijonea” y motiva a un triple nivel: personal, eclesial y social.
Eclesialmente, porque nos hace redescubrir una Iglesia como instrumento y sacramento de amor y de misericordia divinas.
El Papa Francisco abrió este martes la puerta santa de la basílica de San Pedro para inaugurar el Jubileo de la Misericordia. Un Año Santo en el que el Santo Padre invita a «anteponer la misericordia al juicio».
El Año Santo o Jubilar es tradicionalmente un año de perdón y reconciliación. Hasta ahora solo se han realizado 26 celebraciones jubilares ordinarias. La última fue el Jubileo del año 2000 convocado por san Juan Pablo II. Un jubileo extraordinario puede ser convocado en una ocasión especial o por un evento que tiene una importancia especial, como es el caso del Año Santo de la Misericordia.
El primer Año Jubilar de la historia, con el perdón general de todos los pecados, tuvo lugar en el 1300 por iniciativa del Papa Bonifacio VIII. La idea era celebrarlo cada 50 años, siguiendo la antigua costumbre judía, pero después se pasó a convocarlos cada 25 años para asegurar que tenga lugar una vez para cada generación.
Lo esencial del jubileo es pedir perdón a Dios y perdonar a los demás. La indulgencia que se gana al cruzar la puerta santa limpia las huellas que dejan en el alma y en la conducta los pecados ya perdonados en la confesión. La devuelve al estado original.
Cada una de las cuatro basílicas de Roma tiene una puerta santa, que normalmente se sella desde el interior para que no se pueda abrir. Las puertas santas sólo se abren durante el año del Jubileo para que los peregrinos puedan entrar a través de ellas y ganar la indulgencia plenaria vinculada al Jubileo.
El rito de la apertura de la Puerta Santa pretende ilustrar simbólicamente que a los fieles de la Iglesia se les ofrece un «camino extraordinario» hacia la salvación durante el tiempo del Jubileo.
Los requisitos son: peregrinación a la puerta santa, sacramentos de la confesión y Eucaristía, rezo del Credo y una oración por el Papa.
El próximo domingo, cada obispo abrirá la puerta santa de la catedral de su diócesis, en el primer jubileo que permite ganar las indulgencias en miles de lugares del mundo entero.
El Jubileo de la Misericordia crea una mayor sintonía espiritual con judíos y musulmanes, que también consideran la misericordia como el primer atributo del Dios único.
Las personas enfermas o impedidas podrán ganar la indulgencia en sus casas, y los presos –que Francisco visita con frecuencia– cruzando la puerta de su celda.
Durante el Año Jubilar, todos los sacerdotes podrán perdonar el pecado de aborto, reservado habitualmente al obispo por su especial gravedad. Cometen ese pecado no solo la mujer embarazada, sino también todas las personas –médicos, asistentes, gestores de clínicas especializadas, etc.– que llevan a cabo materialmente ese procedimiento o lo provocan.
Se trata de un tema muy cercano al corazón del papa Francisco, porque en él se centra el meollo del mensaje del evangelio. Jesús vino a proclamar el amor de Dios Padre-Madre en la historia de la humanidad. Y si es amor, es misericordia, bondad, comprensión, ternura.
En la tradición cristiana el tiempo de jubileo fue tomando características propias, conservando el llamado a ponerse en paz con Dios, con el prójimo y consigo mismo.
El año jubilar ha ido tomando un tono de conversión personal que es necesario para cambiar el rumbo de la vida de la gente y de los pueblos, pero que se queda en eso: en pedir perdón cuando antes se debería pedir justicia.
El Papa Francisco desea que este Jubileo sea vivido en todo el mundo. Para los católicos se abrirá la Puerta Santa –la Puerta de la Misericordia– en las cuatro basílicas de Roma, en las Catedrales, en una iglesia significativa o en un santuario, y hace un llamamiento al judaísmo y al Islam a descubrir el tema de la misericordia por la vía del diálogo y de la superación de las dificultades por todos conocidas.
La convocatoria de este Año Jubilar es la culminación, hoy, de este proceso de misericordia para el tercer milenio que se inició en el Paraíso. El Papa nos recuerda: Dios no se cansa de nosotros, ¡no se cansa! Y durante todos los siglos ha hecho lo mismo a pesar de mucha apostasía del pueblo. Y Él siempre vuelve porque es un Dios que espera desde aquella tarde en el paraíso terrenal. Adán salió del paraíso con dolor y con una promesa. Y Él es fiel a su promesa ya que no se puede negar a sí mismo. Es fiel. Es el Dios que nos espera, siempre.
El Jubileo se refiere a la gran puerta de la misericordia de Dios. El Señor no fuerza nunca la puerta: Él también pide permiso para entrar.
Para entender el mensaje que el Papa quiere enviarnos reproducimos algunos fragmentos de la Bula "Misericordiae Vul-tus" en la que se ha convocado:
"1. Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre... El Padre, «rico en misericordia»,... «Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira, y pródigo en amor y fidelidad» no ha cesado de dar a conocer en varios modos y en tantos momentos de la historia su naturaleza divina".
"2. Siempre tenemos necesidad de contemplar el misterio de la misericordia. Es fuente de alegría, de serenidad y de paz. Es condición para nuestra salvación".
"6.« Es propio de Dios usar misericordia y especialmente en esto se manifiesta su omnipotencia » (Santo Tomás de Aquino)... "Paciente y misericordioso" es el binomio que a menudo aparece en el Antiguo Testamento para describir la naturaleza de Dios. Su ser misericordioso se constata concretamente en tantas acciones de la historia de la salvación donde su bondad prevalece por encima del castigo y la destrucción".
"9. En las parábolas dedicadas a la misericordia, Jesús revela la naturaleza de Dios como la de un Padre que jamás se da por vencido hasta tanto no haya disuelto el pecado y superado el rechazo con la compasión y la misericordia. Conocemos estas parábolas; tres en particular: la de la oveja perdida y de la moneda extraviada, y la del padre y los dos hijos. En estas parábolas, Dios es presentado siempre lleno de alegría, sobre todo cuando perdona. En ellas encontramos el núcleo del Evangelio y de nuestra fe, porque la misericordia se muestra como la fuerza que todo vence, que llena de amor el corazón y que consuela con el perdón".
"10. La misericordia es la viga maestra que sostiene la vida de la Iglesia. Todo en su acción pastoral debería estar revestido por la ternura con la que se dirige a los creyentes; nada en su anuncio y en su testimonio hacia el mundo puede carecer de misericordia. La credibilidad de la Iglesia pasa a través del camino del amor misericordioso y compasivo... Tal vez por mucho tiempo nos hemos olvidado de indicar y de andar por la vía de la misericordia. Por una parte, la tentación de pretender siempre y solamente la justicia ha hecho olvidar que ella es el primer paso, necesario e indispensable... Por otra parte, es triste constatar cómo la experiencia del perdón en nuestra cultura se desvanece cada vez más... Ha llegado de nuevo para la Iglesia el tiempo de encargarse del anuncio alegre del perdón".
"15. En este Año Santo, podremos realizar la experiencia de abrir el corazón a cuantos viven en las más contradictorias periferias existenciales, que con frecuencia el mundo moderno dramáticamente crea. ¡Cuántas situaciones de precariedad y sufrimiento existen en el mundo hoy!.
Es mi vivo deseo que el pueblo cristiano reflexione durante el Jubileo sobre las obras de misericordia corporales y espirituales. Será un modo para despertar nuestra conciencia, muchas veces aletargada ante el drama de la pobreza, y para entrar todavía más en el corazón del Evangelio, donde los pobres son los privilegiados de la misericordia divina. La predicación de Jesús nos presenta estas obras de misericordia para que podamos darnos cuenta si vivimos o no como discípulos suyos. Redescubramos las obras de misericordia corporales:
dar de comer al hambriento,
dar de beber al sediento,
vestir al desnudo,
acoger al forastero,
asistir los enfermos,
visitar a los presos,
enterrar a los muertos.
Y no olvidemos las obras de misericordia espirituales:
dar consejo al que lo necesita,
enseñar al que no sabe,
corregir al que yerra,
consolar al triste,
perdonar las ofensas,
soportar con paciencia las personas molestas,
rogar a Dios por los vivos y por los difuntos".
"1. Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre... El Padre, «rico en misericordia»,... «Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira, y pródigo en amor y fidelidad» no ha cesado de dar a conocer en varios modos y en tantos momentos de la historia su naturaleza divina".
"2. Siempre tenemos necesidad de contemplar el misterio de la misericordia. Es fuente de alegría, de serenidad y de paz. Es condición para nuestra salvación".
"6.« Es propio de Dios usar misericordia y especialmente en esto se manifiesta su omnipotencia » (Santo Tomás de Aquino)... "Paciente y misericordioso" es el binomio que a menudo aparece en el Antiguo Testamento para describir la naturaleza de Dios. Su ser misericordioso se constata concretamente en tantas acciones de la historia de la salvación donde su bondad prevalece por encima del castigo y la destrucción".
"9. En las parábolas dedicadas a la misericordia, Jesús revela la naturaleza de Dios como la de un Padre que jamás se da por vencido hasta tanto no haya disuelto el pecado y superado el rechazo con la compasión y la misericordia. Conocemos estas parábolas; tres en particular: la de la oveja perdida y de la moneda extraviada, y la del padre y los dos hijos. En estas parábolas, Dios es presentado siempre lleno de alegría, sobre todo cuando perdona. En ellas encontramos el núcleo del Evangelio y de nuestra fe, porque la misericordia se muestra como la fuerza que todo vence, que llena de amor el corazón y que consuela con el perdón".
"10. La misericordia es la viga maestra que sostiene la vida de la Iglesia. Todo en su acción pastoral debería estar revestido por la ternura con la que se dirige a los creyentes; nada en su anuncio y en su testimonio hacia el mundo puede carecer de misericordia. La credibilidad de la Iglesia pasa a través del camino del amor misericordioso y compasivo... Tal vez por mucho tiempo nos hemos olvidado de indicar y de andar por la vía de la misericordia. Por una parte, la tentación de pretender siempre y solamente la justicia ha hecho olvidar que ella es el primer paso, necesario e indispensable... Por otra parte, es triste constatar cómo la experiencia del perdón en nuestra cultura se desvanece cada vez más... Ha llegado de nuevo para la Iglesia el tiempo de encargarse del anuncio alegre del perdón".
"15. En este Año Santo, podremos realizar la experiencia de abrir el corazón a cuantos viven en las más contradictorias periferias existenciales, que con frecuencia el mundo moderno dramáticamente crea. ¡Cuántas situaciones de precariedad y sufrimiento existen en el mundo hoy!.
Es mi vivo deseo que el pueblo cristiano reflexione durante el Jubileo sobre las obras de misericordia corporales y espirituales. Será un modo para despertar nuestra conciencia, muchas veces aletargada ante el drama de la pobreza, y para entrar todavía más en el corazón del Evangelio, donde los pobres son los privilegiados de la misericordia divina. La predicación de Jesús nos presenta estas obras de misericordia para que podamos darnos cuenta si vivimos o no como discípulos suyos. Redescubramos las obras de misericordia corporales:
dar de comer al hambriento,
dar de beber al sediento,
vestir al desnudo,
acoger al forastero,
asistir los enfermos,
visitar a los presos,
enterrar a los muertos.
Y no olvidemos las obras de misericordia espirituales:
dar consejo al que lo necesita,
enseñar al que no sabe,
corregir al que yerra,
consolar al triste,
perdonar las ofensas,
soportar con paciencia las personas molestas,
rogar a Dios por los vivos y por los difuntos".
Para la proclamación, el Papa, acompañado por los cardenales, se dirigirá al Atrio de la Basílica Vaticana. Junto a la Puerta Santa entregará la bula a los cuatro cardenales arciprestes de las basílicas papales de Roma: el cardenal Angelo Comastri, arcipreste de la Basílica de San Pedro del Vaticano; el cardenal Agostino Vallini, arcipreste de la Basílica Lateranense; el cardenal James Michael Harvey, arcipreste de la Basílica de San Pablo extramuros; el cardenal Santos Abril y Castelló, arcipreste de la Basílica de Santa María La Mayor.
“Para expresar su deseo, que el Jubileo extraordinario de la Misericordia sea celebrado en Roma y en todo el mundo, el papa Francisco entregará una copia de la bula, para alcanzar simbólicamente a todos los obispos, al prefecto de la Congregación para los Obispos, al cardenal Marc Ouellet; al prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, el cardenal Fernando Filoni; al prefecto de la Congregación para las Iglesias orientales, el cardenal Leonardo Sandri. En representación de todo Oriente, recibe una copia del documento el arzobispo Savio Hon Tai-Fai, nacido en Hong-Kong y ahora secretario de la Congregación para Evangelización de los Pueblos. El continente africano estará representado por el arzobispo Barthélemy Adoukonou, originario de Benín y actualmente secretario del Consejo Pontificio para la Cultura. Para las Iglesias orientales, el Santo Padre entrega la bula a monseñor Khaled Ayad Bishay de la Iglesia patriarcal de Alejandría de los coptos”, tal y como explica un comunicado del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización.
Finalmente, el regente de la Casa Pontificia, monseñor Leonardo Sapienza, en calidad de protonotario apostólico, leerá en presencia del papa Francisco algunos fragmentos del documento oficial de indicción del Año Santo extraordinario. A continuación, el papa Francisco presidirá la celebración de Vísperas del Domingo de la Divina Misericordia.
El Año jubilar comenzará el próximo 8 de diciembre, solemnidad de la Inmaculada Concepción, y concluirá el 20 de noviembre de 2016. Francisco anunció la convocatoria de este año dedicado a la misericordia el 13 de marzo, durante una celebración penitencial en la Basílica de San Pedro.
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