martes, 24 de mayo de 2016

trbajo de religion

Es un jubileo que se celebra durante el Año Santo Extraordinario que comenzó el 8 de diciembre de 2015 y concluirá el 20 de noviembre de 2016, para celebrar el quincuagésimo aniversario de la clausura del Concilio Vaticano II, profundizar en su implantación y situar en un lugar central la Divina Misericordia, con el fortalecimiento de la confesión.

Este jubileo comenzó con la apertura de la Puerta Santa en la Basílica de San Pedro durante la Solemnidad de la Inmaculada Concepción el 8 de diciembre de 2015. Sin embargo no fue la primera Puerta Santa, que Francisco abrió con motivo del año de la misericordia, en su visita pastoral a la República Centroafricana, el día 29 de noviembre, 9 días antes del comienzo oficial, abrió la Puerta Santa de la Catedral de Nuestra Señora en la capital Bangui. Fue la primera Puerta Santa abierta por un Papa, fuera de Roma.

Posteriormente, el 13 de diciembre, el Papa abrió las Puertas Santas de la Archibasílica de San Juan de Letrán y de la Basílica de San Pablo Extramuros. En todo el mundo se abrieron puertas santas en catedrales y basílicas. Por su parte, el 1 de enero, Solemnidad de Santa María, Madre de Dios, el Papa abrirá la Puerta Santa de la Basílica de Santa María la Mayor.

Concluirá el 20 de noviembre de 2016, Solemnidad de Cristo Rey, con el cierre de la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro. Previamente, el día 13 de noviembre, se cerrarán todas las Puertas Santas excepto la de San Pedro.

Se celebra :
primero una procesión en camino hacia el Padre de la Misericordia, como si fuésemos los hijos menores de la parábola del hijo pródigo, que deseamos volver a casa; en segundo lugar, la apertura de la puerta catedralicia del perdón y de la misericordia para entrar en el templo, que es verdadera casa de misericordia; en un tercer momento, la renovación de la memoria viva de nuestro bautismo, con el que unidos a Jesucristo, Dios se mostró misericordioso para siempre con nosotros; y, finalmente, la celebración de la Eucaristía, memoria, fuente y eficacia de la misericordia de Dios Padre, en Jesucristo, por el Espíritu.

Se a celebrado por:
El 50 aniversario del Concilio Vaticano II. Dicho Concilio tiene mucho que ver con el tema de la misericordia.
El Jubileo de la misericordia celebra la fidelidad de la Iglesia a aquella promesa. Pero, además, existe un motivo subjetivo en el Papa Francisco: desde el inicio de su magisterio, la palabra “misericordia” lo llena todo. El Papa nos ha redescubierto que el centro del mensaje evangélico es la misericordia.

Naturalmente, la misericordia no es “un invento del Papa”. En el Antiguo Testamento ya se habla de misericordia.
El Papa Francisco es consciente de que siempre, en la tradición cristiana, ha existido una lucha entre “el Dios justo y el Dios misericordioso”.
 La misericordia es el lado de la esencia divina del amor volcado, hacia nosotros.

El Papa Francisco se sitúa en la gran tradición de los santos de la misericordia, el Papa Francisco, que es tan práctico, contempla la misericordia como un verdadero “programa de vida cotidiano”, que se traduce en las obras de misericordia espirituales y materiales. Las obras de misericordia nos descubren cómo era Jesús, cuál es la novedad y la alegría del Evangelio y, sobre todo, de qué nos van a examinar al final de nuestras vidas.
La misericordia revela quién es nuestro Dios y cómo tiene que ser toda nuestra actividad pastoral:
la misericordia nos “aguijonea” y motiva a un triple nivel: personal, eclesial y social.
Eclesialmente, porque nos hace redescubrir una Iglesia como instrumento y sacramento de amor y de misericordia divinas.


El Papa Francisco abrió este martes la puerta santa de la basílica de San Pedro para inaugurar el Jubileo de la Misericordia. Un Año Santo en el que el Santo Padre invita a «anteponer la misericordia al juicio».

El Año Santo o Jubilar es tradicionalmente un año de perdón y reconciliación. Hasta ahora solo se han realizado 26 celebraciones jubilares ordinarias. La última fue el Jubileo del año 2000 convocado por san Juan Pablo II. Un jubileo extraordinario puede ser convocado en una ocasión especial o por un evento que tiene una importancia especial, como es el caso del Año Santo de la Misericordia.

El primer Año Jubilar de la historia, con el perdón general de todos los pecados, tuvo lugar en el 1300 por iniciativa del Papa Bonifacio VIII. La idea era celebrarlo cada 50 años, siguiendo la antigua costumbre judía, pero después se pasó a convocarlos cada 25 años para asegurar que tenga lugar una vez para cada generación.

Lo esencial del jubileo es pedir perdón a Dios y perdonar a los demás. La indulgencia que se gana al cruzar la puerta santa limpia las huellas que dejan en el alma y en la conducta los pecados ya perdonados en la confesión. La devuelve al estado original.

Cada una de las cuatro basílicas de Roma tiene una puerta santa, que normalmente se sella desde el interior para que no se pueda abrir. Las puertas santas sólo se abren durante el año del Jubileo para que los peregrinos puedan entrar a través de ellas y ganar la indulgencia plenaria vinculada al Jubileo.
El rito de la apertura de la Puerta Santa pretende ilustrar simbólicamente que a los fieles de la Iglesia se les ofrece un «camino extraordinario» hacia la salvación durante el tiempo del Jubileo.

Los requisitos son: peregrinación a la puerta santa, sacramentos de la confesión y Eucaristía, rezo del Credo y una oración por el Papa.

El próximo domingo, cada obispo abrirá la puerta santa de la catedral de su diócesis, en el primer jubileo que permite ganar las indulgencias en miles de lugares del mundo entero.

El Jubileo de la Misericordia crea una mayor sintonía espiritual con judíos y musulmanes, que también consideran la misericordia como el primer atributo del Dios único.

Las personas enfermas o impedidas podrán ganar la indulgencia en sus casas, y los presos –que Francisco visita con frecuencia– cruzando la puerta de su celda.

Durante el Año Jubilar, todos los sacerdotes podrán perdonar el pecado de aborto, reservado habitualmente al obispo por su especial gravedad. Cometen ese pecado no solo la mujer embarazada, sino también todas las personas –médicos, asistentes, gestores de clínicas especializadas, etc.– que llevan a cabo materialmente ese procedimiento o lo provocan.

Se trata de un tema muy cercano al corazón del papa Francisco, porque en él se centra el meollo del mensaje del evangelio. Jesús vino a proclamar el amor de Dios Padre-Madre en la historia de la humanidad. Y si es amor, es misericordia, bondad, comprensión, ternura.

En la tradición cristiana el tiempo de jubileo fue tomando características propias, conservando el llamado a ponerse en paz con Dios, con el prójimo y consigo mismo.
El año jubilar ha ido tomando un tono de conversión personal que es necesario para cambiar el rumbo de la vida de la gente y de los pueblos, pero que se queda en eso: en pedir perdón cuando antes se debería pedir justicia.

El Papa Francisco desea que este Jubileo sea vivido en todo el mundo. Para los católicos se abrirá la Puerta Santa –la Puerta de la Misericordia– en las cuatro basílicas de Roma, en las Catedrales, en una iglesia significativa o en un santuario, y hace un llamamiento al judaísmo y al Islam a descubrir el tema de la misericordia por la vía del diálogo y de la superación de las dificultades por todos conocidas.
La convocatoria de este Año Jubilar es la culminación, hoy, de este proceso de misericordia para el tercer milenio que se inició en el Paraíso. El Papa nos recuerda: Dios no se cansa de nosotros, ¡no se cansa! Y durante todos los siglos ha hecho lo mismo a pesar de mucha apostasía del pueblo. Y Él siempre vuelve porque es un Dios que espera desde aquella tarde en el paraíso terrenal. Adán salió del paraíso con dolor y con una promesa. Y Él es fiel a su promesa ya que no se puede negar a sí mismo. Es fiel. Es el Dios que nos espera, siempre.
El Jubileo se refiere a la gran puerta de la misericordia de Dios. El Señor no fuerza nunca la puerta: Él también pide permiso para entrar.

Para entender el mensaje que el Papa quiere enviarnos reproducimos algunos fragmentos de la Bula "Misericordiae Vul-tus" en la que se ha convocado:

"1. Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre... El Padre, «rico en misericordia»,... «Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira, y pródigo en amor y fidelidad»  no ha cesado de dar a conocer en varios modos y en tantos momentos de la historia su naturaleza divina".

"2. Siempre tenemos necesidad de contemplar el misterio de la misericordia. Es fuente de alegría, de serenidad y de paz. Es condición para nuestra salvación".

"6.« Es propio de Dios usar misericordia y especialmente en esto se manifiesta su omnipotencia » (Santo Tomás de Aquino)... "Paciente y misericordioso" es el binomio que a menudo aparece en el Antiguo Testamento para describir la naturaleza de Dios. Su ser misericordioso se constata concretamente en tantas acciones de la historia de la salvación donde su bondad prevalece por encima del castigo y la destrucción".

"9. En las parábolas dedicadas a la misericordia, Jesús revela la naturaleza de Dios como la de un Padre que jamás se da por vencido hasta tanto no haya disuelto el pecado y superado el rechazo con la compasión y la misericordia. Conocemos estas parábolas; tres en particular: la de la oveja perdida y de la moneda extraviada, y la del padre y los dos hijos. En estas parábolas, Dios es presentado siempre lleno de alegría, sobre todo cuando perdona. En ellas encontramos el núcleo del Evangelio y de nuestra fe, porque la misericordia se muestra como la fuerza que todo vence, que llena de amor el corazón y que consuela con el perdón".

"10. La misericordia es la viga maestra que sostiene la vida de la Iglesia. Todo en su acción pastoral debería estar revestido por la ternura con la que se dirige a los creyentes; nada en su anuncio y en su testimonio hacia el mundo puede carecer de misericordia. La credibilidad de la Iglesia pasa a través del camino del amor misericordioso y compasivo... Tal vez por mucho tiempo nos hemos olvidado de indicar y de andar por la vía de la misericordia. Por una parte, la tentación de pretender siempre y solamente la justicia ha hecho olvidar que ella es el primer paso, necesario e indispensable... Por otra parte, es triste constatar cómo la experiencia del perdón en nuestra cultura se desvanece cada vez más... Ha llegado de nuevo para la Iglesia el tiempo de encargarse del anuncio alegre del perdón".

"15. En este Año Santo, podremos realizar la experiencia de abrir el corazón a cuantos viven en las más contradictorias periferias existenciales, que con frecuencia el mundo moderno dramáticamente crea. ¡Cuántas situaciones de precariedad y sufrimiento existen en el mundo hoy!.
Es mi vivo deseo que el pueblo cristiano reflexione durante el Jubileo sobre las obras de misericordia corporales y espirituales. Será un modo para despertar nuestra conciencia, muchas veces aletargada ante el drama de la pobreza, y para entrar todavía más en el corazón del Evangelio, donde los pobres son los privilegiados de la misericordia divina. La predicación de Jesús nos presenta estas obras de misericordia para que podamos darnos cuenta si vivimos o no como discípulos suyos. Redescubramos las obras de misericordia corporales:

dar de comer al hambriento,
dar de beber al sediento,
vestir al desnudo,
acoger al forastero,
asistir los enfermos,
visitar a los presos,
enterrar a los muertos.

Y no olvidemos las obras de misericordia espirituales:

dar consejo al que lo necesita,
enseñar al que no sabe,
corregir al que yerra,
consolar al triste,
perdonar las ofensas,
soportar con paciencia las personas molestas,
rogar a Dios por los vivos y por los difuntos".


El papa Francisco convocará oficialmente el Jubileo Extraordinario de la Misericordia con la publicación de una bula pontificia este sábado, 11 de abril, vigilia del Domingo de la Misericordia. Dicha bula, además de indicar los tiempos, con las fechas de apertura y clausura, y las modalidades principales para su desarrollo, “constituye el documento fundamental para reconocer el espíritu con el que viene proclamado, las intenciones y los frutos que espera el Santo Padre”.
Para la proclamación, el Papa, acompañado por los cardenales, se dirigirá al Atrio de la Basílica Vaticana. Junto a la Puerta Santa entregará la bula a los cuatro cardenales arciprestes de las basílicas papales de Roma: el cardenal Angelo Comastri, arcipreste de la Basílica de San Pedro del Vaticano; el cardenal Agostino Vallini, arcipreste de la Basílica Lateranense; el cardenal James Michael Harvey, arcipreste de la Basílica de San Pablo extramuros; el cardenal Santos Abril y Castelló, arcipreste de la Basílica de Santa María La Mayor.
“Para expresar su deseo, que el Jubileo extraordinario de la Misericordia sea celebrado en Roma y en todo el mundo, el papa Francisco entregará una copia de la bula, para alcanzar simbólicamente a todos los obispos, al prefecto de la Congregación para los Obispos, al cardenal Marc Ouellet; al prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, el cardenal Fernando Filoni; al prefecto de la Congregación para las Iglesias orientales, el cardenal Leonardo Sandri. En representación de todo Oriente, recibe una copia del documento el arzobispo Savio Hon Tai-Fai, nacido en Hong-Kong y ahora secretario de la Congregación para Evangelización de los Pueblos. El continente africano estará representado por el arzobispo Barthélemy Adoukonou, originario de Benín y actualmente secretario del Consejo Pontificio para la Cultura. Para las Iglesias orientales, el Santo Padre entrega la bula a monseñor Khaled Ayad Bishay de la Iglesia patriarcal de Alejandría de los coptos”, tal y como explica un comunicado del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización.
Finalmente, el regente de la Casa Pontificia, monseñor Leonardo Sapienza, en calidad de protonotario apostólico, leerá en presencia del papa Francisco algunos fragmentos del documento oficial de indicción del Año Santo extraordinario. A continuación, el papa Francisco presidirá la celebración de Vísperas del Domingo de la Divina Misericordia.
El Año jubilar comenzará el próximo 8 de diciembre, solemnidad de la Inmaculada Concepción, y concluirá el 20 de noviembre de 2016. Francisco anunció la convocatoria de este año dedicado a la misericordia el 13 de marzo, durante una celebración penitencial en la Basílica de San Pedro.

La Bañista de renoir


La Bañista de renoli

Autor:

Augusto Renoir

La pintura, realizada en óleo, es de 1888, y mide 65 centímetros de alto por 54 de ancho.
Auguste Renoir, pintor francés nacido en Limoges en 1841 y muerto en Cagnes-sur-Mer en 1919, ocupa una plaza preponderante en la corriente impresionista, junto con Monet. A los dos pintores se les atribuye la pintura de los primeros cuadros de esta tendencia. Pero Renoir, en contra de las tendencias de Monet, no podía concebir un cuadro sin la presencia humana.A pesar de que concede una excepcional importancia al paisaje y a las luces, Renoir ha sido fundamentalmente un pintor de figuras y sobre todo el pintor de la mujer. Explica de una manera exquisita, que haría pensar en Boucher y Fragonard, la gracia exterio r del mundo femenino. Sus colores participaron también en el ambiente agridulce de sus motivos, en su mayoría personajes llenos de amor y sensualidad.



       

lunes, 16 de mayo de 2016

La dama del armiño





La dama del armiño
Autor:
Leonardo da Vinci, pintor renacentista italiano.

Año: 1485-1490
Dimensiones: 54 × 39 cm (21.26 × 15.35 in)
Técnica: Oleo
Conservada en: Museo Czartoryski de Cracovia
(Polonia)
Epoca: Renacentista

Historia:

Exactamente este cuadro no se sabia de quién era hasta el siglo XVIII.
La pintura fue una adquirida por Adam Jerzy Czartoryski, en 1798 y se integró en la colección de la familia Czartoryski en 1800.
El cuadro estuvo  en un castillo, fue encontrada en 1939 por soldados nazis y un restaurador cuando lo encontraron se cree que le añadió un inscrición que tiene el cuadro en la esquina izquierda. Donde paso a un museo de Berlín y luego en 1940 el gobernador de Polonia que lo devolbiera y estubo Cracovia. Al final de la segunda guerra mundial,fue encontrada y tenia un talón y fue devuelto a polonia y actualmente se expone en el museo Czartoryski de Cracovia.
Se cree que la obra representa a Cecilia Gallerani, la amante de Ludovico. La pintura es uno de los cuatro retratos de mujer pintados por Leonardo . Algunos daños los sufrió durante la Segunda Guerra Mundial.
Sostiene en sus manos y acaricia lo que normalmente se ha considerado un armiño, representado con precisión y vivacidad.

Análisis del cuadro:

La composición del retrato muestra a Cecilia Gallerani captada en movimiento mientras gira hacia la izquierda, como si estuviera escuchando a alguien que está fuera del cuadro.
El retrato en tres cuartos de perfil fue una de las muchas innovaciones de Leonardo.
En el cuadro se ve a Cecilia Gallerani con una casi imperceptible sonrisa. 
La mano de Cecilia fue pintada con gran detalle. Notando el contorno de cada uña, cada arruga de los nudillos, incluso la flexión del tendón en el dedo doblado.
El cabello es liso con un listón en la frente. El cabello lo lleva pegado cubriendo las orejas y la parte lateral de la cara, pasando parte de el debajo de la barba.


miércoles, 4 de mayo de 2016

Pinturas renacentista en la Peninsula Iberica

La pintura renacentista española es la realizada a lo largo del siglo XVI en las Coronas de Castilla y Aragón. El Renacimiento italiano se difundió por la Península Ibérica a partir del litoral mediterráneo. Así, se aprecian diferencias entre las regiones a la hora de incorporarse al italianismo: es más rápido en la Corona de Aragón, más vinculada con Italia, y tarda más en llegar al corazón de la Península, donde perviven los modelos flamencos preponderantes en la época de los Reyes Católicos.
Suele diferenciarse en tres momentos, dividiendo el siglo en tres períodos. Es característico del Renacimiento español el predominio prácticamente absoluto de la pintura religiosa, siendo muy ocasionales los temas mitológicos, históricos, alegóricos, o géneros como el bodegón o el paisaje. Sí se producen retratos, especialmente vinculados con la corte.
España, en la época del Renacimiento, recibe la visita de algunos grandes artistas. Las posesiones italianas así como las relaciones establecidas por Fernando II de Aragón, entrañaron movimientos de intelectuales y también de artistas a través del crecimiento de la influencia española en Europa, y más particularmente en Italia. Llegan a lo largo de todo el siglo numerosos artistas italianos, pero también flamencos. De todos los pintores que trabajan en España en el siglo XVI, destaca la figura de El Greco a finales de siglo.
En cuanto a los museos en los que hoy en día pueden verse cuadros de esta época y estilo, ante todo debe mencionarse el Museo del Prado, siendo también destacados los fondos del Museo de Bellas Artes de Valencia. Para conocer la obra de El Greco y otros, es fundamental la ciudad de Toledo y su Catedral. Finalmente, en la Catedral de Sevilla pueden verse diversas obras de esta época.

Periodos:
El primer tercio del siglo


En esta época siguen presentes elementos flamencos propios del gótico, incorporando poco a poco elementos italianizantes. Es decir, que es más bien una época de transición en que se combina lo flamenco que predominó durante el reinado de los Reyes Católicos con lo italiano. Penetra el Renacimiento en la Península a través de Valencia, siendo sus primeras figuras Rodrigo y Francisco de Osona, padre e hijo, llamados por ello «el Viejo» y «el Joven». Rodrigo de Osona, activo entre 1440 y 1518, trabajó a finales del siglo XV y principios del siglo XVI, con un estilo que recuerda más a los italianos del Norte de Italia. Destaca su Calvario en la iglesia de San Nicolás y La Adoración de los Magos. Francisco de Osona, fallecido antes que el padre, parece haber añadido a su estilo un carácter más moderno, con elementos decorativos como los grutescos, aunque no resulta fácil distinguir las obras de uno y otro.
En Valencia trabajó igualmente Pablo o Paolo de San Leocadio, un italiano que introdujo rasgos del renacimiento de Venecia y Ferrara. Se le atribuyen la Virgen del Caballero de Montesa y el San Miguel.
También en Valencia trabajan dos manchegos que muestran una clara influencia de los cuatrocentistas italianos. Son Fernando Yáñez de la Almedina y Fernando o Hernando de los Llanos. Juntos realizan una obra trascendental dentro de la pintura del Renacimiento español: el retablo de la Catedral de Valencia. Yáñez de la Almedina conoció la obra de Leonardo, a quien imita en muchos aspectos, y lo mismo a Bramante, a quien recuerdan fondos arquitectónicos de sus pinturas. Después marchó a trabajar a Cuenca hasta el año 1531. Realizó una conocida Santa Catalina que se guarda en el Museo del Prado y que es plenamente leonardesca. Llanos, por su parte, marchó a Murcia, donde estuvo trabajando hasta 1520.
Por lo que se refiere a Castilla, continuaron los modelos flamencos durante más tiempo. Los primeros rasgos renacentistas aparecen en la obra de Pedro Berruguete, que estuvo en Urbino. En su obra se conservan claros elementos flamencos como los fondos dorados, la atención a los detalles como las lacerías moriscas en los techos y el gusto en representar las texturas; hay incluso ocasionales rasgos medievales, como el diferente tamaño de las personas dependiendo de su jerarquía religiosa, con los santos de mayor tamaño como puede verse en su Auto de Fe presidido por Santo Domingo de Guzmán. Pero es renacentista en la perspectivas, las formas y la luz, o la incorporación de espacios arquitectónicos. Por todo ello, sería una figura intermedia entre el estilo gótico flamenco y el renacimiento. Sus obras más destacadas son retablos, como el de la Virgen de Paredes de Nava, el de Santo Tomás de Ávila y parte del retablo de la Catedral de Ávila. Se le ha atribuido aunque no con seguridad, el retablo de Santa María del Campo, con escenas como el «Bautismo de Cristo» y la «Degollacion del Bautista».
En Toledo trabaja Juan de Borgoña. Este artista se formó en Italia, conociendo la pintura del Quattrocento, aunque conserva algunos detalles de la pintura gótica estilo flamenco. La composición es clara, enmarca las escenas en paisajes amplios o en arquitecturas clásicas con adornos vegetales y de otro tipo, las figuras idealizadas son claramente italianizantes. Influyó mucho en la posterior pintura de la zona toledana. Realizó numerosos retablos. Además pintó los frescos de la Sala Capitular de la Catedral de Toledo y los de la llamada Capilla Mozárabe.
Finalmente, en Andalucía destaca la figura de Alejo Fernández, con una producción de estilos diversos, en unos intensamente flamenco dado el gusto por el detalle que muestra, y en otros italianizantes con perspectivas. Parece que era de origen alemán. De todas sus obras, es muy conocida la Virgen de los Navegantes en los Reales Alcázares de Sevilla, donde aparece un retrato de Cristóbal Colón. Creó escuela.

El segundo tercio del siglo
En esta segunda fase la influencia de Leonardo se ve sustituida por la de Rafael. También se dejan sentir los ecos del primer manierismo, tanto toscano como nórdico.
Nuevamente, es Valencia la puerta de entrada de estas nuevas tendencias, en la figura, en primer lugar, de Vicente Macip , a quien se le nota la influencia italiana, recordando algo a Yáñez de la Almedina y Paolo de San Leocadio. De su obra destaca el retablo de la Catedral de Segorbe, con escenas de la «Vida de Cristo». Su hijo Juan de Juanes , menos original que su padre pues se limitó a divulgar su estilo, fue sin embargo mucho más popular, y creó numerosas estampas religiosas, sentimentales y de cierta blandura. De sus obras es muy conocida la La Última Cena, hoy en el Museo del Prado. Otras obras son: Sagradas Familias, Salvador eucarístico, Vírgenes con el Niño, varias obras representando la Inmaculada Concepción, o la tablas de San Esteban, Asunción de Nuestra Señora, Bodas místicas del Venerable Agnesio.
Pero el centro más destacado de producción artística es Sevilla, ciudad que cobró gran auge económico gracias al comercio con las Indias. La ciudad llegó a ser un centro multicultural lo que ayudaría al florecimiento de las artes. En este centro al que afluían artistas de otros países llegó Pedro de Campaña, llamado en realidad Peter Kempeneer, nacido en Bruselas pero de formación italiana. Estuvo en Sevilla desde el año 1537 hasta 1562. De la obra realizada en Sevilla destaca el Descendimiento de la Cruz, en la Catedral de Sevilla, y el retablo de Santa Ana. También fue un buen retratista.
La figura española más destacada de esta época es el extremeño Luis de Morales, uno de los jefes de fila del estilo manierista español. Conserva, dentro de una obra que recuerda al arte medieval, un estilo español característico. El arte español, y notablemente el de Morales, contiene importantes elementos místicos y religiosos debidos a la Contrarreforma y al mecenazgo de una monarquía y de una aristocracia españolas fuertemente marcadas por el catolicismo. Se formó en Sevilla con Pedro de Campaña, luego pasa por un período de formación portuguesa y otro italiano. Como resultado de ello, realiza una obra que evidencia influencia leonardesca en el esfumado, también tiene rasgos manieristas como el alargamiento de las figuras y los colores fríos, pero igualmente anticipa el tenebrismo ya que suele iluminar a sus figuras sobre un fondo oscuro. En éste último punto es antecesor de la pintura del Siglo de Oro español. Desarrolló su actividad sobre todo en Extremadura, pero sus obras llegaron a todos los rincones de la Península. Trató sobre todo temas religiosos. Tuvo gran fama en vida, adquiriendo el mote de «Divino Morales». Se considera que su obra maestra es la Virgen con Niño llamada «Virgen de la Leche». Otras de estas obras de devoción de Morales son Cristo entre dos sayones, Ecce Homo, Magdalenas, Virgen de la Piedad, Vírgenes con Niño, etc.


El último tercio del siglo
En esta parte final del siglo se nota la influencia de la obra de Miguel Ángel y también de la pintura veneciana. El retrato sigue sintiendo la influencia de la pintura flamenca, con su precisión por el detalle, uniéndolo un gusto veneciano por la riqueza cromática de las telas y también a ciertos detalles manieristas como el distanciamiento y la frialdad de los modelos, que miran desde la distancia como en los retratos de Bronzino. Entre los retratistas de la corte madrileña destacan Alonso Sánchez Coello y Juan Pantoja de la Cruz. Sus obras alcanzan gran calidad, aunando la influencia de Tiziano y Antonio Moro. Sánchez Coello, discípulo de Moro, es un ejemplo de esa atención por el detalle en el traje y las joyas, la precisión a la hora de reflejar los rasgos del modelo, cuya psicología se intenta representar mediante un frío distanciamiento. Retrató a Felipe II y a su familia, así como a varios nobles de la corte. Menos interesantes son sus pinturas religiosas. Su discípulo Pantoja de la Cruz también cultivó el retrato y pinturas religiosas. Su técnica es más dura, anticipando ya el tenebrismo. Destacan en sus retratos las enormes gorgueras que eran moda en el reinado de Felipe III y cuya representación minuciosa permitía demostrar el virtuosismo del pintor.
Es el momento ya de la Contrarreforma, por lo que el tema religioso es ya absolutamente predominante. Ejemplo de influencia miguelangelesca de figuras musculosas es Gaspar Becerra. A él se atribuye la introducción de la pintura al fresco en España, ya que hasta entonces era realizada por extranjeros. De Gaspar Becerra es uno de los pocos ejemplos de temática mitológica: la historia de Perseo pintada al fresco en una de las torres del Palacio del Pardo.
Ejemplo de influencia veneciana es la obra de Juan Fernández de Navarrete, llamado «El Mudo». Es un artista que avanza en el camino del realismo. Su técnica es suelta. Gusta jugar con las diferentes intensidades de la luz, lo que recuerda a Tintoretto. Destacó por su labor al servicio de Felipe II, que le encargó varias series de lienzos a partir de 1568 para decorar los muros de la Basílica de San Lorenzo de El Escorial: Adoración de los Pastores, Degollación de Santiago. Para la decoración del Monasterio de El Escorial Felipe II solicitó pinturas a Tiziano que envió el Martirio de san Lorenzo destinado al retablo mayor, pero sobre todo buscó atraer pintores capaces de trabajar al fresco en las decoraciones murales. Cambiaso destaca por sus composiciones, muy sobrias y ciertas experiencias que se adelantan al tenebrismo. De Tibaldi destaca la pintura al fresco de la bóveda de la Biblioteca, con temática alegórica. Con ellos llegaron o colaboraron otros pintores italianos que se iban a quedar en España como Bartolomé Carducho, Patricio Cajés, Rómulo Cincinato o Antonio Ricci, responsables de la conformación de un estilo naturalista, anticipo del barroco, que bien puede definirse como escurialense, al que se adscriben pintores que, habiendo nacido en España, colaboraron en mayor o menor medida con los anteriores, como los toledanos Luis de Carvajal y Blas de Prado, el madrileño Diego de Urbina o el catalán Francisco Ribalta.
Entre los pintores extranjeros atraídos por los posibles encargos de El Escorial se encuentra El Greco, quien desempeñó el papel más importante dentro de la importación del Renacimiento italiano a España. Como indica su nombre, El Greco no era español de origen, sino que nació en Creta, entonces posesión de la República de Venecia, con el nombre de Doménikos Theotokópoulos. Su formación fue compleja: primero, se formó como pintor de iconos en su Creta natal, luego acudió a Venecia que era la metrópoli pues en aquella época Creta dependía de Venecia, y allí a partir de 1560 conoció la obra de Tiziano y Tintoretto, posteriormente pasó por Roma. De esta época son La expulsión de los mercaderes del templo, el Retrato de Giulio Clovio, la Anunciación y las primeras versiones de El Expolio de Cristo. En Roma, conoció la obra de Miguel Ángel. Según la leyenda, cayó en desgracia después de haber afirmado que si destruyeran una de las pinturas murales de Miguel Ángel, sería capaz de rehacerla aún más bella. Hay que tener en cuenta además que había numerosos pintores en la Roma de la época, y El Greco tenía que buscar un lugar donde lograr encargos. Por ello, conocido que Felipe II estaba buscando pintores para El Escorial, partió hacia España, esperando lograr allí encargos en el gran proyecto arquitectónico del rey. No obstante, su Martirio de San Mauricio y la legión tebana no complació al rey y acabó encontrando su lugar en Toledo, donde se le encuentra a partir del año 1579. Al principio, sigue haciendo cuadros que recuerdan mucho a Italia: Retablo mayor de Santo Domingo el Antigua, otra versión de El Expolio de Cristo esta vez para la Catedral de Toledo, La Adoración del nombre de Dios.
Progresivamente su estilo manierista se va exagerando, las figuras se alargan desmesuradamente formas huesudas, los colores son fríos, y hay un ambiente de intenso fervor religioso. Desempeñó un gran papel en la elaboración de un estilo lleno de emoción, con los dedos alargados de los personajes que representa y colores vivos. Son obras destacadas de la plena madurez del Greco son La Trinida y, sobre todo, El entierro del conde de Orgaz , obra singular en la que se representan el plano celeste y el plano terreno intercomunicados.
En los últimos años ejecuta numerosos encargos religiosos, tanto de gran tamaño como pequeños .Pero también trató ocasionalmente temas no religiosos, como el retrato de influencia veneciana  y una obra mitológica: Laocoonte y sus hijos. Incluso trató el paisaje: sus representaciones de la ciudad de Toledo se convirtieron en modelos para la nueva tradición europea de la pintura de paisaje desarrollada luego por los maestros holandeses.




Estilo Artistico: El Renacimiento

El concepto renacimiento se aplica a la época artística que da comienzo a la Edad Moderna. El término procede de la obra de Giorgio Vasari "Vidas de pintores, escultores y arquitectos famosos", publicada en 1570, pero hasta el siglo XIX este concepto no recibe una amplia interpretación histórico-artística.
Sin embargo, Vasari había formulado una idea determinante, el nuevo nacimiento del arte antiguo, que presuponía una marcada conciencia histórica individual, fenómeno completamente nuevo en la actitud espiritual del artista.
completamente nuevo en la actitud espiritual del artista.
De hecho el Renacimiento rompe, conscientemente, con la tradición artística de la Edad Media, a la que califica, con pleno desprecio, como un estilo de bárbaros o de godos. Y con la misma conciencia se opone al arte contemporáneo del Norte de Europa.
Desde una perspectiva de la evolución artística general de Europa, el Renacimiento significa una ruptura con la unidad estilística que hasta ese momento había sido supranacional.

El Renacimiento supone una nueva forma de entender el arte. Las artes liberales ya no están controladas por los gremios, sino bajo la protección de los muchos príncipes y la burguesía. Nacen, así, los mecenas, como las familias Medici, Rucelli, Tornabuoni o Pazzi. Aparece la figura del artista genial, por lo que se abandona definitivamente el anonimato. Sin embargo, surge el taller del maestro, que controla el acceso a la profesión de los oficiales y aprendices, y que es quien recibe los encargos de los clientes. Además de la burguesía, la Iglesia y la monarquía serán protectores de los artistas, ya que se descubre el valor propagandístico del arte. Se establecen tres tipos de relación entre el artista y el cliente: el sistema doméstico, en el que el mecenas acoge en su casa al artista para que trabaje; el mercado, en el que el artista simplemente vende las obras que crea por encargo, y la academia, en el que el artista trabaja para el Estado.
Todo esto exige una formación científica de los artistas y una gran capacidad de creación. Se inventa la perspectiva caballera, con sus puntos de fuga matemáticos, y la perspectiva aérea, con el sfumato. Se pone mucha atención en las proporciones, para las que se utilizará el canon clásico, que progresivamente se irá alargando, y se guardará la proporción entre las partes. Se redescubre la arquitectura de Marco Vitruvio, el muro de carga y como cierre del espacio, la columna guarda una proporción entre la altura y la anchura, y el arco con la luz, se tiende a la horizontalidad y a la escala humana, para crear un espacio unitario. Reaparece el retrato, el desnudo, principalmente mitológico, y el paisaje, todo ello idealizado.
No es una copia de la antigüedad, sino su interpretación. Se busca el realismo, pero se idealiza la naturaleza, se trata de un arte burgués. En el Renacimiento el hombre recupera su protagonismo como primer objeto artístico, según la tradición grecorromana. El hombre es la obra más perfecta de Dios. Se recupera el retrato y la naturalidad sin hieratismo, de la mano de la nueva burguesía.
Se pinta la figura humana independientemente de lo que represente, Virgen o cortesana, Apolo o Cristo, lo que importa es la figura humana. El tema interesa poco, pero sí lo bello frente a lo representativo.
El objeto del arte es el mundo natural, la imagen del mundo que se identifica con la civilización. Hay un nuevo humanismo y una mentalidad burguesa que busca al hombre ideal en equilibrio con la naturaleza.
En su última etapa, cuando están conseguidas todas las soluciones técnicas, es cuando se pinta "a la manera de" un maestro o de otro, corriente a la que se llama manierismo, que utilizará todos los tipos clásicos de forma alambicada y "virtuosista"

Hetapas historica:

Quattrocento
Tiene como espacio cronológico todo el siglo XV, es el denominado Quattrocento, y comprende el Renacimiento temprano que se desarrolla en Italia.
Cinquecento La segunda, afecta al siglo XVI, se denomina Cinquecento, y su dominio artístico queda referido al Alto Renacimiento, que se centra en el primer cuarto del siglo. Esta etapa desemboca hacia 1520-1530 en una reacción anti clásica que conforma el Manierismo.
Mientras que en Italia se estaba desarrollando el Renacimiento, en el resto de Europa se mantiene el gótico en sus formas tardías, situación que se va a mantener, exceptuando casos concretos, hasta comienzos del siglo XVI.
En Italia el enfrentamiento y convivencia con la antigüedad clásica, considerada como un legado nacional, proporcionó una amplia base para una evolución estilística homogénea y de validez general. Por ello, allí, es posible su surgimiento y precede a todas las demás naciones.
Fuera de Italia la Antigüedad Clásica supondrá un caudal académico asimilable, y el desarrollo del Renacimiento dependerá constantemente de los impulsos marcados por Italia. Artistas importados desde Italia o formados allí, hacen el papel de verdaderos transmisores.

Características:
Surgimiento de una nueva relación con la Naturaleza

El arte renacentista va unido a una concepción ideal y realista de la ciencia. La matemática se va a convertir en la principal ayuda de un arte que se preocupa incesantemente en fundamentar racionalmente su ideal de belleza. La aspiración de acceder a la verdad de la Naturaleza, como en la Antigüedad, no se orienta hacía el conocimiento de fenómeno casual, sino hacía la penetración de la idea.

El Renacimiento hace al hombre medida de todas las cosas

Como arte esencialmente cultural presupone en el artista una formación científica, que le hace liberarse de actitudes medievales y elevarse al más alto rango social.
Los supuestos históricos que permitieron desarrollar el nuevo estilo se remontan al siglo XIV cuando, con el Humanismo, progresa un ideal individualista de la cultura y un profundo interés por la literatura clásica, que acabaría dirigiendo, forzosamente, la atención sobre los restos monumentales clásicos.
Italia en ese momento está integrada por una serie de estados entre los que destacan Venecia, Florencia, Milán, el Estado Pontificio y Nápoles.
La presión que se ejerce desde el exterior impidió que, como en otras naciones, se desarrollara la unión de los reinos o estados; sin embargo, sí se produjo el fortalecimiento de la conciencia cultural de los italianos.
Desde estos supuestos fueron las ciudades las que se convierten en centros de renovación artística.
En Florencia el desarrollo de una rica burguesía ayudará al despliegue de las fuerzas del Renacimiento, la ciudad se convierte en punto de partida del nuevo estilo, y surgen, bajo la protección de los Médicis, las primeras obras que desde aquí se van a extender al resto de Italia.

Tipos de edificios:

Había dos tipos de edificios: religiosos y civiles.Los edificios religiosos constaban de vitrales e imágenes de santos.

Elementos constructivas:
Sustentantes
Arco de medio punto y columnas.
Sustentados Cúpula, bóveda de cañón y cubiertas planas con casetones.
Elementos decorativos Pilastras, frontones, pórticos, decoración heráldica, almohadillado, voluta, grutescos, guirnaldas y medallones.
Desde un principio la arquitectura renacentista tuvo un carácter profano, y, lógicamente, surgió en una ciudad en donde el Gótico apenas había penetrado, Florencia; en la Europa de las grandes catedrales, se implantó con dificultades.
Se caracterizó por el empleo de proporciones modulares, superposición de órdenes, empleo de cúpulas e introducción del orden colosal. En el Quattrocento fue frecuente recurrir a columnas y pilastras adosadas, a los capiteles clásicos, los fustes lisos y el arco de medio punto, a la bóveda de cañón y de arista, así como a cubiertas de madera con casetones. Lo que fundamentalmente distingue a la arquitectura del Quattrocento de la del Alto Renacimiento es la decoración menuda, el alargamiento de la cúpula y las fachadas de piedra tosca o con los sillares en realce. La arquitectura del Cinquecento tuvo como centro Roma: En 1506 Bramante terminaba su célebre proyecto para la basílica de San Pedro en el Vaticano. Los palacios se adornaron de valiosos bajorrelieves o de esculturas exentas.